Ayer me di un homenaje…

Me di una ducha de lo más placentera, me di mascarilla, cremas varias y me sequé con una toalla grande y bien oliente, mullida… Y no porque sea presumida, qué va, es que a partir de hoy voy a ir hecha un jamón y sólo Dios sabe cuando será la próxima vez en la que me pueda duchar con mis pies en contacto con la bañera y no unas chanclas embarradas. Porque, qué agradable es ducharse descalza.

Toalla habrá, de tocador para todo el cuerpo y sospecho que húmeda desde el primer día que la use y con ese olor a queso tan familiar en nuestros viajes… Y la esponja se queda en casa, ayer me despedí de ella…

Será al la vuelta cuando más valore estos lujos. Yo por si acaso disfruté de cada gota de agua limpia y caliente.

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