Ayer me di un homenaje…
Me di una ducha de lo más placentera, me di mascarilla, cremas varias y me sequé con una toalla grande y bien oliente, mullida… Y no porque sea presumida, qué va, es que a partir de hoy voy a ir hecha un jamón y sólo Dios sabe cuando será la próxima vez en la que me pueda duchar con mis pies en contacto con la bañera y no unas chanclas embarradas. Porque, qué agradable es ducharse descalza.
Toalla habrá, de tocador para todo el cuerpo y sospecho que húmeda desde el primer día que la use y con ese olor a queso tan familiar en nuestros viajes… Y la esponja se queda en casa, ayer me despedí de ella…
Será al la vuelta cuando más valore estos lujos. Yo por si acaso disfruté de cada gota de agua limpia y caliente.

2 comentarios
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septiembre 21, 2008 a 11:55 am
ana
Kaixo mari y sobrino, zer moduz?
Jo que envidia de la buena me dais, ya me gustaria ver esos parajes pasadlo bien hacer muchas fotos que ya nos enseñareis.
de momento me consuelo intentando preparar nuestro viaje al otro lado del charco osea Perú.
un besote grande a los 2.
septiembre 21, 2008 a 9:23 pm
naiura